Negra culona de Piura bailando hasta que la empotraron
Esa tarde en el club de Piura, el aire olía a sudor y perfume barato mientras ella movía sus caderas como si el mundo se acabara. Llevaba días lanzándole miradas de reojo, rozando su muslo contra el de él en el bar, sintiendo cómo la tensión entre los dos se volvía insoportable. Cuando la música bajó de ritmo, él la agarró de la cintura y la pegó contra la pared, sus manos grandes ahogándose en el volumen de su culo. Ella gimió al sentir cómo sus dedos se hundían en la carne firme, apretando hasta dejar marcas rojas. Sin perder tiempo, la llevó al baño trasero, donde el espejo empañado reflejaba el brillo de su piel sudorosa. La levantó sobre el lavabo, separándole las piernas hasta que su coño mojado quedó al descubierto, palpitando de necesidad. Él no aguantó más, sacó su polla dura y la hundió de una estocada, sintiendo cómo el culo apretado de ella lo envolvía como un guante. Cada embestida era más profunda, más salvaje, hasta que los gemidos de ella llenaron el cuarto. Él la tomó de las caderas, clavándose hasta que sus pelotas chocaron contra su piel, y entonces explotó dentro de ella, llenándola con su corrida caliente.