Mi novia se empala con esa polla gigante
Cuando Juniper Ren abrió la puerta y vio ese trozo de carne dura palpitando entre mis piernas supo que no resistiría ni un segundo más. La agarré del pelo y la arrastré contra el sofá mientras le arrancaba el vestido de un tirón, dejando al descubierto esos pechos pequeños pero firmes que tanto me volvían loco. Sin avisar, metí dos dedos en su coño empapado y me los llevé a la boca para saborear su excitación, gimiendo al notar lo mojada que estaba. Juniper jadeó y se mordió el labio inferior mientras yo me bajaba los pantalones y dejaba al aire mi verga gruesa y venosa, tan dura que apuntaba directamente a su ombligo. Antes de que pudiera reaccionar, la empujé contra la pared y le levanté una pierna, empalándola contra el madero del armario hasta que sus muslos temblaron. El golpe de mis caderas contra su culo sonó como un latigazo cada vez que la embestía hasta el fondo de su garganta, sus gritos ahogados en gemidos agudos que resonaban en toda la sala. Juniper enredó las uñas en mi espalda mientras su coño se contraía alrededor de mi pene, chupando cada centímetro con una voracidad que me hizo perder el control. La giré boca abajo sobre el sofá y le agarré las caderas con fuerza, clavando mi verga hasta el fondo en su interior mientras ella arqueaba la espalda y gritaba que no podía más. Cada embestida sacudía sus tetas contra el cuero del mueble, el sonido húmedo de nuestros cuerpos chocando mezclado con sus sollozos de placer. Sentí cómo su coño se estremecía alrededor de mi polla mientras se corría, empapándome las pelotas con sus jugos calientes, y eso fue la gota que colmó el vaso. Con un gruñido animal, le disparé hasta tres veces dentro de su vientre, sintiendo cómo cada chorro la llenaba hasta rebosar mientras Juniper se dejaba caer contra el suelo, exhausta pero con una sonrisa de oreja a oreja. El sofá quedó manchado de sus fluidos, mi semen goteaba por el interior de sus muslos y en el aire flotaba el olor a sexo crudo y piel sudada. Juniper se limpió los labios con el dorso de la mano y me miró con esa mirada de puta satisfecha que solo ella sabe poner, susurrándome al oído que quería repetirlo en cuanto recuperara el aliento.