Mi hermanastra culona confiesa que me desea y follamos como animales
Lucía no aguantó más y me lo soltó de golpe: 'Me encanta tu verga, quiero que me empotres'. Yo ya la tenía dura desde que la vi con ese culazo en tanga, moviéndose como una perra en celo. La empujé contra la pared del pasillo, le bajé el short y le metí los dedos en el coño mojado mientras le susurraba: 'Si alguien nos pilla, nos van a matar'. Ella gemía bajito, pero cuando le clavé la polla hasta las pelotas, no pudo evitar gritar. Le tapé la boca con la mano y seguí embistiendo, sintiendo cómo su culo apretado me apretaba como un guante. Escuché pasos en el piso de abajo y paré un segundo, pero ella me jaló del pelo y me dijo: 'No te detengas, quiero que me llenes el culo'. La volteé y la puse a cuatro patas, dándole duro por atrás mientras le agarraba las tetas. Se corrió dos veces antes de que yo le soltara toda la leche en el culo, marcándola como mía. Cuando terminamos, su tanga estaba tirada en el suelo, manchada de mi corrida.