Mi amiga se dejó empotrar por mi novio con su polla monstruosa
El sonido de la puerta al cerrarse me hizo saltar de la cama, el olor a sudor y excitación ya flotaba en el aire antes de que Nelson Mandingo entrara con esa sonrisa de depredador. Llevábamos días mirándonos de reojo, Milla y yo, sabiendo que esto iba a pasar, que su verga negra no nos dejaría en paz hasta que la probáramos. Cuando la vi arrodillarse frente a él, con los labios pintados de rojo y los ojos brillando de lujuria, supe que no habría vuelta atrás. Mi coño se mojó al ver cómo le agarraba la polla con ambas manos, gruesa y palpitante, antes de meterla entera en su boca. Los gemidos de Milla resonaban en la habitación mientras Nelson le agarraba el pelo, follándosela la garganta sin piedad, hasta que las lágrimas le corrieron por las mejillas. No aguanté más y me acerqué, desnudándome frente a ellos, mi culo temblando de anticipación. Nelson me empujó contra la pared, separándome las nalgas con sus manos grandes, y en un segundo su verga estaba dentro de mí, llenándome hasta hacerme gritar. El ritmo era brutal, sus embestidas me levantaban del suelo, y cuando Milla se unió, chupándome los pezones mientras Nelson me empotraba, perdí la cabeza. Los minutos se volvieron una neblina de gemidos, sudor y carne chocando, hasta que Nelson se corrió sobre mi espalda, su leche caliente resbalando por mi piel. Ahora, mientras me recupero, solo pienso en lo bien que se siente ser compartida, en cómo su polla me marcó para siempre.