Mari chupa polla hasta correrse gritando
Mari solo necesitaba una excusa para lamerle la polla a Xander y esa noche la inventó con un trago de demasiado alcohol que le quemó la garganta. Él ya la miraba con esos ojos verdes que le nublaban la razón cada vez que ella se movía con ese vestido ajustado que le marcaba el culo redondo, pero ahora el muy cabrón se la sacó sin avisar y le plantó la cabeza contra su entrepierna. Ella no pudo resistirse: le agarró la verga gruesa con ambas manos y se la metió hasta la garganta, sintiendo cómo su polla le llenaba la boca y le obligaba a babearle los huevos mientras los gemidos ahogados se le escapaban entre los labios. Cada vez que se la sacaba para tomar aire, él le agarraba del pelo y la empujaba de nuevo, obligándola a tragar hasta que le lloraban los ojos y le chorreaba saliva por la barbilla. Mari no era ninguna novata, pero con Xander todo era distinto: la forma en que le temblaban las piernas al sentir su lengua gruesa lamerle el coño mientras ella le chupaba las pelotas, o cómo él le empotraba la polla contra la garganta como si no hubiera mañana, haciendo que se atragantara con cada embestida. El sabor a piel sudada y semen le explotó en la lengua cuando él se la sacó de golpe, le escupió en la cara y le ordenó que se arrodillara contra el suelo del baño, donde el azulejo frío le quemó las rodillas. Allí, con las tetas apretadas contra el piso y el culo en pompa, Mari solo pudo soltar un gemido ronco cuando él se le vino encima, descargándole toda su leche caliente hasta que le resbaló por la espalda y le dejó el pelo pegado a la nuca. Cada chorro le quemaba la piel, cada estremecimiento de su cuerpo le recordaba lo poco que le importaba ser una puta más en su lista, porque con Xander hasta el semen sabía a victoria.