Madrastra rubia te reta a follarla como nunca
Te la encuentras en el suelo, estirada como una gata en celo, con esas tetas naturales rebotando mientras se arquea para provocarte. La madrastra de Kiki Cockhound sabe que tienes una polla enorme y quiere ver si puedes manejarla, así que te desafía con una sonrisa pícara: «¿Crees que aguantas lo que te voy a dar?». La agarras por las caderas y la pones a cuatro patas, sintiendo cómo su coño ya está mojado antes de que ni siquiera la toques. Le metes la mano entre las piernas y le clavas los dedos, haciendo que gima fuerte mientras se retuerce bajo tu contacto. Le das una nalgada seca y le susurras al oído: «Voy a hacer que me supliques», y ella solo ríe, desafiándote a que lo intentes. Te arrodillas detrás de ella y le abres el culo para lamerle el coño desde atrás, sintiendo cómo se estremece cada vez que tu lengua roza su clítoris hinchado. Cuando ya no aguanta más, te la metes de una estocada hasta hacerle tocar el cuello del útero, y ella grita, pero no de dolor, sino de placer, porque sabe que esto apenas empieza. La empotras contra el suelo, follándote a esa rubia como si no hubiera mañana, sintiendo cómo sus tetas grandes rebotan con cada embestida. Le chupas los pezones mientras la montas, y ella te araña la espalda, pidiéndote más, más fuerte, más rápido. Cuando ya no puedes aguantar, te la sacas y le corres toda la leche en las tetas, marcándola como tuya. Ella se lame los labios, mirándote con esa sonrisa de puta satisfecha, y te dice: «¿Ves? Sabía que no durarías tanto».