Lunamiel se masturba con dildo y me vuelve loco de caliente
No podía sacarme de la cabeza cómo se movía Lunamiel frente a la cámara, sus curvas plenas, ese culo redondo que se sacudía mientras se metía el dildo hasta el fondo. Me la imaginé todo el día sentada así, rozando su coño mojado contra la tela de su ropa, mandándome fotos de sus piernas abiertas para provocarme. Sabía que estaba juguetona, que se había depilado solo para mí y que ese liguero negro que llevaba puñado en la cintura era su forma de decirme que estaba lista. Por más de 12 minutos, mi polla palpitó viendo cómo se follaba con ese juguete, cómo gemía y se retorcía, pero lo peor fue cuando se corrió: ese grito agudo, ese líquido caliente que manchó el colchón y la dejó temblando. Ahora solo pienso en lo bien que la voy a empotrar cuando la tenga frente a mí.