LunaBandida y su padrastro en una follada arriesgada
El sonido de la puerta chirriando lo alertó, pero ya era tarde: la polla de su padrastro estaba enterrada hasta las pelotas en el coño mojado de LunaBandida, las manos de él apretando sus nalgas mientras ella gemía ahogando los gritos con un cojín. El riesgo de que alguien entrara —tal vez su madre, su hermano— solo los excitaba más, y cada embestida era más violenta, las caderas chocando con fuerza contra su culo perfecto. JhonPerv le susurraba al oído: '¿Qué pasa si nos descubren ahora, mi puta?', mientras le mordía el cuello y aceleraba el ritmo, las uñas de LunaBandida marcando surcos en su espalda. El cuarto olía a sudor y lujuria, los gemidos se mezclaban con el crujir de la cama, y cuando él le dio la vuelta para empotrársela de perro, ella sollozó de placer al sentir cómo la polla gorda golpeaba justo donde más lo necesitaba. En más de 12 minutos de escena, no hubo pausa: él la penetraba una y otra vez, cambiando de posiciones, jadeando 'Calla, perra, que te van a oír', mientras ella arqueaba la espalda y se agarraba los muslos para abrirse más. Al final, cuando ya no aguantó, le llenó el coño de leche con un gruñido que resonó en toda la casa, justo antes de que se escucharan pasos en el pasillo. 'Lo siento, papi —susurró LunaBandida, aún temblando—, pero no me arrepiento de nada'.