La vecina curvilínea se inclina y el vecino no aguanta más
Esa tarde de verano, el sol quemaba las calles mientras Zoey Foxx regresaba de hacer las compras, su culo redondo y sus tetas grandes balanceándose con cada paso. El joven Ethan Seeks, que vivía al lado, no podía quitarle los ojos de encima desde la ventana, imaginando cómo sería hundir su polla dura entre esos cachetes carnosos. No tardó en acercarse, fingiendo casualidad, pero su mirada lasciva lo delataba. Zoey, juguetona, se agachó para recoger algo que se le cayó, ofrecile una vista perfecta de su tanga ajustado. Ethan no pudo resistir más y, con voz ronca, le ordenó que se inclinara sobre la mesa del patio. Ella obedeció, gimiendo cuando él le bajó las bragas de un tirón, dejando al descubierto su coño ya mojado. Sin perder tiempo, Ethan le escupió en el culo y empujó su verga hasta las pelotas, haciendo que Zoey gritara de placer. Sus embestidas eran brutales, cada golpe resonando en el silencio de la tarde, mientras ella le suplicaba que no se detuviera. Ethan, disfrutando su sumisión, le dio una nalgada fuerte y le ordenó que se corriera en su polla. Zoey, temblando, obedeció, apretando su culo alrededor de su verga mientras él se vaciaba dentro de ella con un gruñido. Al terminar, Ethan le susurró al oído: 'Ahora sabes quién manda aquí, puta'