La milf furry me reta a follarla en público y le lleno el culo de leche
El parque estaba casi vacío cuando la vi sentada en ese banco, con su pelaje dorado brillando bajo el sol y su cola moviéndose con provocación. Sabía que me estaba desafiando, que quería ver si podía aguantar su ritmo, así que me acerqué sin decir nada y le susurré al oído que iba a hacerla gemir tan fuerte que los pájaros volarían asustados. Primero le arranqué el tanga con los dientes, dejando su coño peludo al aire, y le metí la lengua hasta el fondo mientras ella se agarraba a mis hombros. Cuando la puse de rodillas, su culo redondo y suave se abrió para mí, y le clavé la polla de una estocada, sintiendo cómo sus paredes apretaban mi verga como si quisieran ordeñarme. La agarré de las caderas y la embestí contra el banco, haciendo que sus tetas grandes rebotaran con cada golpe, mientras ella gritaba que no podía más, pero yo sabía que mentía. Le di la vuelta y la empotré contra el árbol, follándola por detrás mientras le mordía el cuello, sintiendo cómo su jugo caliente me cubría los huevos. Cuando le corrí dentro, su cuerpo tembló y se quedó quieta, con mi leche goteando entre sus nalgas. Al levantarme, vi su tanga roto tirado en el pasto, manchado de sudor y saliva.