La máquina de follar le dio a kimmi un orgasmo brutal
Esa tarde en mi cuarto, kimmi me retó a que mi máquina le diera más placer que cualquier hombre, y yo acepté el desafío con una sonrisa. Arrojó su ropa al suelo y se recostó en el aparato, abriendo sus piernas tatuadas para mostrarme ese coño hinchado y mojado de anticipación. El vibrador gigante se hundió de una estocada, haciendo que sus tetas naturales rebotaran con cada embestida, mientras gritaba y se agarraba las nalgas como si le faltara el aire. Sus uñas se clavaron en el cuero sintético cuando el juguete le dio en el punto justo, y empezó a sacudirse como si le estuvieran electrocutando. En más de 15 minutos de escena, la máquina no tuvo piedad: la penetró a fondo, hizo que su culo se estremeciera, y hasta le abrió la boca para que el dildo le rozara la garganta. Cada quejido suyo me excitaba más, y cuando al fin se corrió, chorros de jugo le mancharon los muslos. Al terminar, jadeando, me miró con los ojos vidriosos y dijo: 'Ahora sí me crees, cabrón?', mientras se lamía los labios.