La embarazada me reto a ver quién aguantaba más
La habitación estaba iluminada solo por la luz tenue de las velas, el colchón hundido bajo nuestros cuerpos y el olor a sexo flotando en el aire caliente de la noche. Yo estaba en mi mejor momento, la panza redonda de embarazada pero con el coño más jugoso que nunca, y él, ese cabrón que se creía el rey de la cama, me desafió a ver quién se corría primero. Le di la vuelta a la jugada, le dije que no me iba a dejar vencer, que su polla grande no era nada para mí. Empezó chupándome las tetas, mordiendo los pezones hasta que me retorcí, pero no le di el gusto de gemir fuerte, aguanté cada lamida con los dientes apretados. Cuando pasó a mi coño, me abrí de piernas de par en par, dejándole meter la lengua hasta lo más hondo, pero moví las caderas como una serpiente, cambiando de ritmo cada vez que creía tenerme controlada. Se pondría loco cuando me lo monté encima, clavándome esa verga dura de una estocada, sintiendo cómo me llenaba hasta las tripas. No grité, no le supliqué, seguí moviéndome como una diosa, apretando el culo cada vez que entraba, hasta que su cara se torció y supe que iba a estallar. Pero yo no me detuve, seguí follándolo más fuerte, más rápido, hasta que se vino dentro de mí con un rugido. Me reí mientras sacaba la polla mojada, todavía dura, y le dije que la próxima vez no le dejaría ni jadear.