La asiática de culo enorme me chupó y folló como una diosa
Yumi no aguantó más los roces en el ascensor, las miradas robadas en el café, los mensajes ardientes que borraba rápido. Desde que la conocí en esa fiesta, supe que su cuerpo curvilíneo y esos labios carnosos eran mi perdición. Hoy, en mi apartamento, su tanga negro apenas contenía sus nalgas perfectas mientras se arrodillaba frente a mí, desabrochándome el pantalón con una sonrisa pícara. Mi polla saltó al sentir su boca caliente envolviéndola, su lengua jugando con el glande hasta que gemí sin control. La levanté de golpe y la empotré contra la pared, levantándole las piernas para clavarme en su coño mojado de una estocada. Sus gritos resonaban en el cuarto mientras la embestía sin piedad, sintiendo cómo sus paredes internas me apretaban como un guante. Cuando la tiré en la cama, sus tetas grandes rebotaban con cada movimiento, y yo no podía dejar de chuparle los pezones mientras la penetraba más duro. Al final, me corrí sobre su vientre mientras ella arqueaba la espalda, dejando marcas rojas en su piel suave. Aún puedo ver su tanga rasgado tirado en el suelo, prueba de lo salvaje que fue todo.