John Gay te reta a domar su culo perfecto
Esa tarde en el cuarto oscuro, el aire estaba cargado de sudor y desafío cuando John Gay se recostó en la cama, arqueando la espalda para que su culo redondo y firme quedara bien expuesto. Sabías que te estaba provocando, que quería ver si eras capaz de hacerle gemir como nunca, de hacerle rogar por más. Te acercaste, sintiendo cómo la piel de sus nalgas ardía bajo tus manos mientras las separabas para admirar su agujero rosado y apretado, ya mojado de anticipación. Sin perder tiempo, le escupiste en el culo y metiste un dedo, sintiendo cómo se contraía alrededor de tu piel. John Gay soltó un gemido ahogado, pero no apartó la mirada, retándote con esos ojos llenos de lujuria. Te inclinaste para chuparle las pelotas mientras tu otra mano seguía explorando su entrada, preparándolo para lo que venía. Cuando por fin sacaste tu polla dura y la frotaste contra su culo, John Gay jadeó, pero no suplicó, solo gruñó: 'Demuéstrame que puedes hacerme correrme'. Te hundiste en él de una estocada, sintiendo cómo su carne caliente te envolvía hasta las pelotas, y empezaste a embestirlo con fuerza, cada movimiento haciendo que sus muslos temblaran. John Gay se aferró a las sábanas, mordiéndose el labio para no gritar, pero no pudo evitar gemir cuando tus dedos se enredaron en su pelo y tiraron hacia atrás, exponiendo su garganta. Lo follaste sin piedad, sintiendo cómo su culo se apretaba alrededor de tu verga cada vez que te hundías en él, hasta que John Gay rompió su silencio con un grito ahogado: '¡Más duro, cabrón!'. Y entonces lo escuchaste, ese sonido que tanto esperabas: un gemido roto seguido de un '¡Joder, sí, así!' mientras su polla se sacudía y se corría sin que nadie la tocara. Te dejaste ir dentro de él, sintiendo cómo tu leche caliente llenaba su culo mientras John Gay se derrumbaba sobre la cama, jadeando. Pero cuando te retiraste, su voz aún retadora te llegó clara: '¿Eso es todo lo que tienes, maricón?'.