Escorpiont se pajea con furia en su cama desordenada
Esa tarde, el apartamento olía a sudor y resentimiento. Escorpiont apretaba los dientes, recordando cómo Daniel se había reído de su polla llena de cicatrices y piercings, llamándolo 'monstruo de feria'. Con la mano izquierda, se agarraba el rabo grueso y venoso, sintiendo el metal frío del anillo en la punta rozar sus dedos mientras masajeaba los huevos peludos. La derecha, llena de tinta, se movía con rabia hacia arriba y abajo, cada vez más rápido, imaginando la cara de Daniel al verlo así: sudorosa, con los músculos marcados y el piercing brillando bajo la luz tenue. Las gotas caían sobre su abdomen marcado, resbalando hasta el tatuaje que decía 'veneno' sobre su cadera. Gemía sin control, morderse el labio inferior hasta hacerlo sangrar, sintiendo cómo la presión aumentaba en el tronco. De pronto, el primer chorreón salpicó su pecho, espeso y caliente, mientras su cuerpo se tensaba como un arco. Se quedó jadeando, con la polla aún palpitando, sabiendo que la próxima vez no sería solo con su mano. La próxima vez, Daniel pagaría por cada puta palabra.