Dylann Vox domina con su coño prieto y su boca de puta
“Chupa esa polla como si fuera tu última comida, perra”, me ordenó Mike Stud mientras me agarraba del pelo y me empujaba hacia su verga dura. Yo obedecí, abriendo bien la boca para tragarme su tronco grueso hasta que me llegó al fondo de la garganta, ahogándome con cada embestida. Sus gemidos me excitaban más, y mi coño ya estaba chorreando antes de que siquiera me tocara. Me hizo arrodillarme en la cama, con las tetas colgando, mientras él se ponía detrás y me penetraba de una estocada, llenándome entera. Sentía cómo su polla me ensanchaba, cómo cada empujón me acercaba al orgasmo. “Pídeme permiso para correrte”, gruñó, y yo, jadeando, le supliqué: “Por favor, déjame explotar, dueño”. Él se rió y aceleró, clavándome más fuerte hasta que mi cuerpo se sacudió en un clímax violento, con mi jugo mojando sus pelotas. Cuando terminó, me dejó tirada en la cama, temblando, con la promesa de que la próxima vez me hará tragar su leche sin parar.