Dos machos se empotran salvajes en el sofá
Javi y Rafa llevan horas dándose besos de moribundos mientras sus manos no paran de recorrer esos cuerpos llenos de tinta y músculos duros como piedras. Javi, con su prepucio bien tirado y la polla palpitando de ganas, se arrodilla frente a Rafa y le mete hasta la garganta ese tronco grueso que le hace babear como una perra en celo. Rafa, con el culo bien abierto y los tatuajes brillando bajo el sudor, le agarra de las caderas y lo empuja contra el sofá hasta que sus huevos chocan contra su culo peludo y caliente. Las embestidas son brutales, el sonido de piel contra piel y de gemidos ahogados llena la sala mientras Javi le clava la verga hasta el fondo, haciendo que Rafa llore de placer y le suplique que no pare. Rafa, con los dedos enredados en el pelo de Javi, le exige más fuerte mientras le lame los pezones duros y le muerde el labio inferior hasta hacerlo sangrar. Javi, sudando como un cerdo, le da la vuelta y lo pone a cuatro patas sobre el cojín del sofá, le separa las nalgas con las manos y le escupe en el culo antes de clavarle la polla de un solo empujón, arrancándole un aullido que casi rompe los cristales. Los tatuajes de Rafa se contraen con cada embestida, su cuerpo tiembla como gelatina y su culo se abre cada vez más para recibir esa verga que lo está destrozando por dentro. Javi no aguanta más, aprieta los dientes, le agarra por la cintura y se corre dentro de él con un gruñido animal, llenándole el culo de leche caliente mientras Rafa se masturba con desesperación hasta que su propio semen le explota en la mano y le resbala por los dedos. Los dos quedan jadeando, con los cuerpos pegajosos, las camas sudadas y las bocas buscando más besos entre gemidos y risas de borrachos después de una buena follada. El sofá ya no es el mismo, está manchado de sudor, saliva y semen, pero a ellos no les importa porque lo único que quieren es repetir la escena una y otra vez hasta que ya no puedan moverse.