Betty, la esposa infiel, me hace una mamada que me vuelve loco
Era un domingo por la tarde y mi marido estaba durmiendo en el cuarto, cuando Betty, la esposa de Joeschmoe, se coló en la cocina con esa mirada de puta hambrienta que me derrite. Apoyó las manos en la encimera, arqueó el culo redondo y me susurró que quería chuparme la verga hasta dejarme temblando. No pude resistir su boca caliente cuando empezó a meterse mi polla entera, tragando tan profundo que sentí sus labios besarme los huevos. Cada vez que gemía, miraba hacia el pasillo con miedo de que alguien nos escuchara, pero ella solo apretaba más sus tetas contra mis muslos mientras me chupaba. De pronto, sentí que su garganta se cerraba alrededor de mi verga, y no pude aguantarme más: le llené la boca de leche espesa mientras ella tragaba sin perder ni una gota, sonriendo con los ojos brillantes. Cuando terminó, su marido bajó las escaleras justo a tiempo para vernos limpiarnos los labios, y la cara de shock que puso fue mejor que el orgasmo.