Allie Addison cabalga a su hermanastro Carlos como una diabla
El sol entraba por la ventana de la habitación cuando Carlos Dickinson se dio cuenta de que las llaves de su auto estaban en el bolsillo de Allie Addison. Ella, con esa sonrisa traviesa que siempre lo volvía loco, se acercó y le susurró algo al oído. Sabían que esto estaba mal, pero el deseo prohibido los consumía. Allie se arrodilló frente a él, desabrochando su pantalón con dedos temblorosos, sacando esa polla dura que tanto anhelaba. Te vas a poner durísimo cuando veas cómo se la mete entera en la boca, chupando con esos labios carnosos mientras gime como una perra en celo. Carlos le agarraba el pelo, empujando su cabeza hacia abajo hasta que la garganta de Allie se llenó por completo. Después, la levantó y la tiró sobre la cama, abriéndole las piernas para ver ese coño mojado y rosado. Imagínate que estás ahí, mirando cómo Carlos le clava los dedos en las caderas mientras la embiste de una estocada, haciendo que Allie grite de placer. El sonido de sus cuerpos chocando llenaba la habitación, y Carlos no podía resistirse a azotarle ese culo firme mientras la penetraba más fuerte. Allie se montó sobre él, cabalgando esa polla como si no hubiera un mañana, moviendo sus caderas con desesperación. Carlos le apretaba los pechos, pellizcando esos pezones duros mientras ella gemía sin control. Cuando ya no aguantó más, Allie se inclinó hacia adelante, mordiéndole el cuello mientras Carlos le llenaba el coño con su leche caliente. Ella se corrió al mismo tiempo, temblando sobre él. Carlos le susurró al oído: 'Ahora sí me devuelves las llaves, perra.'