Akina Asmus jugando con el culo hasta el orgasmo inesperado
La habitación está en penumbra, las cortinas apenas dejan pasar un rayo de luz que ilumina sus curvas perfectas. La moqueta mullida amortigua tus pasos mientras avanzas, sintiendo cómo el corazón late más fuerte con cada avance. Akina está ahí, recostada en la cama, con un vestido corto que apenas cubre lo esencial, sus muslos ya brillan de lo mojada que está. Desde hace días no ha parado de provocarte: mensajes insinuantes, fotos con el coño apenas cubierto, rozándose contra ti "por accidente" cada vez que pasas. Hoy decidió que no habría más juegos, y lo demuestra al abrir las piernas cuando te acuestas a su lado, deslizando una mano por tu pecho hasta bajar hacia la polla, ya dura desde el primer roce. La agarras por la cintura, sintiendo su piel suave bajo tus dedos, y la giras con fuerza para ponerla a cuatro patas, disfrutando cómo su culo respingón quede a tu merced. No te dejas llevar: primero le das una nalgada seca, luego otra, hasta que ella gime y arquea la espalda pidiendo más. Entonces, sin avisar, te hundes en su coño mojado de una estocada, sintiendo cómo los músculos de su vagina se contraen alrededor de tu verga. Empiezas a follarla con fuerza, escuchando el sonido húmedo de cada embestida, mientras ella grita y se agarra a las sábanas. Pero no te conformas: la haces cambiar de posición, la colocas de espaldas otra vez y la penetras por atrás, metiendo los dedos en su culo para prepararla. Cuando está lista, te la clavas hasta las pelotas, sintiendo cómo ese agujero estrecho te aprieta como un guante. Akina ya no te provoca, ahora solo gime y te suplica que no pares, que le llenes el culo de leche. La montas como un animal, sintiendo cómo su cuerpo tiembla bajo el tuyo, hasta que al final te corres dentro, sintiendo cómo su culo se contrae alrededor de tu polla. Pero esto no ha terminado: la próxima vez irá más lejos, y ya te aseguro que no podrás resistirte.