Agente inmobiliaria italiana se deja follar por el cliente con polla enorme
El olor a su perfume caro me volvía loca desde que entró a la oficina, pero él fingía que solo quería ver propiedades. Yo sabía que mentía: cada vez que me agachaba para mostrar planos, sus ojos se clavaban en mi culo apretado bajo la falda ajustada. Le envié fotos de mis tetas rebotando en el espejo del baño, y cuando por fin cerró el trato, me empujó contra la pared y me arrancó las bragas. Su verga gruesa me abrió de golpe, y yo gemí como una perra en celo mientras me empotraba contra el escritorio. Sentía cada centímetro de su polla entrando hasta las pelotas, y cuando Christian Clay me dio la vuelta para metérmela en el culo, grité de placer. Me corrió en la espalda, y su leche blanca se mezcló con el sudor de mi piel. Al terminar, solo quedó mi zapato de tacón torcido en el suelo.