A las 5 am: el vecino me pilló desnuda en la cocina
Te voy a contar cómo fue esa madrugada que se volvió mi fantasía más húmeda: el tipo de al lado entró en mi casa sin avisar, y yo estaba justo sacando el helado del congelador, desnuda, mi tanga a medio muslo y gotas de leche escurriendo por mi coño ya empapado. Cerré la puerta tras de mí sin darme cuenta, ¿cómo coño iba a saber que él tenía llave de repuesto? Al principio solo nos miramos, su polla se marcó contra los pantalones de trabajador en segundos, pero yo ni me moví, seguí lamiendo el palito de chocolate despacio, rozando mi pezón con él a propósito. Sabía que estaba al borde, así que me agaché como quien busca algo en el cajón, arqueando el culo para que viera lo mojada que estaba, la tanga pegada como una segunda piel. En un segundo me llevó contra la mesa, sus manos apretaron mis nalgas hasta dejar marcas, y cuando me penetró de una estocada, el helado se derritió sobre mis muslos. Grité, pero no de susto, sino porque sentí cómo su verga me llenaba hasta hacerme tocar el cuello del útero, sus embestidas eran tan fuertes que la mesa temblaba. Me encantó cómo me mordía el cuello mientras me follaba, sus dedos tirando de mi pelo, sus gemidos roncos cada vez que me hundía más dentro. Cuando se corrió, lo hizo con un gruñido animal, llenándome hasta que su leche rebosó y goteó entre mis muslos. Después nos quedamos mirándonos, él con mi saliva aún en sus labios, yo con su semen colgando de mi coño. La próxima vez, ¿sabes lo que haré? Dejaré la puerta abierta desde el día anterior.