Milf Nelly Kent recibe a su vecino con lo mejor
La vecina rubia de tetas grandes llevaba días observando cómo su guapo vecino salía del gimnasio con la camiseta pegada al cuerpo sudoroso, marcando cada músculo de esos brazos fuertes que tanto le gustaban. Cuando él la saludó con una sonrisa pícara, Nelly no pudo resistirse más y le abrió la puerta de su casa con un gesto que dejaba claro lo que quería: su coño bien depilado y sus labios carnosos listos para chuparle la polla hasta dejarlo sin aliento. El pobre hombre ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar cuando ella lo empujó contra el sofá, le bajó los pantalones de un tirón y se le lanzó encima con un gemido que sonó a pura lujuria. Nelly le lamió cada centímetro de su verga palpitante, jugando con la punta entre sus labios hasta que él gruñó y le agarró la nuca para empotrarle la polla hasta la garganta, ahogándola en su propio baboseo mientras ella se retorcía de placer. Entre jadeos, Nelly se quitó el tanga de encaje y se sentó sobre su regazo, empalándose con un crujido húmedo que hizo que ambos soltaran un grito de éxtasis cuando su coño mojado se ajustó perfectamente a la gruesa verga que la traspasaba de un solo envite. El vecino no tardó en agarrarle las tetas desbordantes y apretársela contra el pecho mientras la embestía con fuerza, haciendo que sus nalgas redondas palpitara cada vez que la polla entraba hasta el fondo. Nelly no paraba de gemir, con la boca abierta y los ojos vidriosos, mientras él le azotaba el culo con una mano y con la otra le frotaba el clítoris hinchado hasta que ella se corrió con un espasmo que le recorrió todo el cuerpo, dejando su coño bien apretado alrededor de la polla que la seguía perforando sin piedad. Cuando el tipo vio cómo su leche blanca le resbalaba por las tetas y la cara, no pudo aguantar más y se corrió dentro de ella con un rugido, llenándole el vientre de semen mientras Nelly se dejaba caer sobre su pecho sudoroso, jadeando como una perra en celo que acaba de ser satisfecha. Todavía con la verga palpitante dentro de su coño, ella se limpió los restos de corrida con la lengua y le susurró al oído que quería repetir, esta vez en la ducha, porque estaba más que claro que esa milf caliente no iba a dejarlo escapar tan fácil.