Toriel clama por la polla gigante de Asriel
Toriel no aguanta más, lleva días mirándolo con esa polla dura bajo los pantalones, los dedos temblorosos cada vez que se rozan, las miradas que se clavan en la ropa que se ajusta demasiado. Hoy no hay vuelta atrás, lo arrastra al sofá con un gruñido gutural, la blusa se rompe de un tirón, los pezones rosados y duros saltan libres mientras ella se agacha con un gemido, la boca abierta y la lengua fuera, chupando la cabeza gorda hasta que Asriel gruñe y la agarra del pelo, empotrándola contra el mueble para enterrarse de una estocada, el culo apretado que lo absorbe hasta las pelotas. Ella grita, las uñas se clavan en sus hombros, la saliva gotea de su mentón mientras rebota sobre él, el choque de sus cuerpos resuena en la habitación, la humedad entre sus piernas marca su piel cada vez que él embiste, más rápido, más fuerte, hasta que los gemidos se vuelven ahogados y las paredes vibran con los golpes. Las piernas de Toriel tiemblan cuando él se corre dentro, el calor la quema por dentro mientras ella aprieta, ordeñando cada gota, sin dejar que escape, el sudor los pega juntos, los jadeos se mezclan con los gemidos. La próxima vez, no habrá espera, ni ropa que estorbe, solo piel contra piel y la promesa de que hará que suplique antes de volver a correrse.