Toranegra gime fuerte mientras le rompen el culo en la madrugada
—No aguanto más, necesito que me cojas ya—. Toranegra, con su cuerpo gordinho temblando de deseo, se retorcía en la cama mientras su amiga casada le desabrochaba el pantalón con urgencia. Llevaba horas provocándola: mensajes ardientes, fotos de su escote, rozando su polla contra el culo de Toranegra cada vez que pasaban juntas. Ahora, con la luna iluminando su piel sudorosa, la casada no pudo resistir más y hundió los dedos en el coño mojado de Toranegra antes de empotrarla contra el colchón. La gordinha gritó cuando sintió la polla gruesa entrando hasta las pelotas, sus nalgas chasqueando con cada embestida. —¡Más duro, puta, hazme sentirte entera!—. La casada obedeció, clavándose con fuerza hasta que Toranegra arqueó la espalda, sus jugos corriendo por los muslos. El sonido de la carne chocando llenó la habitación mientras Toranegra se corría en un gemido ahogado, sus uñas marcando la espalda de la casada. Al terminar, Toranegra quedó jadeante, pero la casada, con una sonrisa pícara, ya se lamía los dedos manchados de su placer.