Tina, la milf vecina, me provoca hasta que no aguanto más
La siesta de los domingos en el sofá era mi momento de paz hasta que Tina, la milf morena de al lado, empezó a jugar sucio. Primero fueron las fotos de su culo en tanga negro, luego el top transparente cuando me traía el azúcar, y finalmente el roce 'accidental' de sus tetas contra mi brazo. Hoy no traía el marido, así que cuando se sentó a horcajadas sobre mi polla dura, ya sabía que no saldría intacto. Empezó lento, mordiéndome el cuello mientras movía sus caderas, pero yo la giré de una vez y le di por detrás como a ella le gusta, agarrando sus nalgas firmes mientras mi verga entraba hasta hacerle gemir. El sonido de su chocho chorreante al chocar con mis caderas era música, y cuando le di más fuerte, sus gritos se mezclaron con el golpe de carne contra carne. '¡Así, Johnny, más duro!', pedía la muy puta, y no me hice rogar. La empotré contra el sofá, sintiendo cómo su coño apretaba mi polla como si no quisiera soltarla. '¿Te gusta mi leche, vecina?', le dije al correrme bien adentro, y ella solo pudo responder con un gemido de satisfacción.