Subaru se deja empotrar por Rem con desesperación
Subaru estaba ahí, con su culo prieto y esa falda corta que apenas le cubría el coño mojado, mordiéndose el labio mientras Rem la observaba con esa sonrisa perversa que le erizaba la piel. El ambiente olía a sudor y a ganas, el aire espeso pegándosele a la piel como si el tiempo mismo se hubiera detenido antes de que él se acercara. Con dos dedos le apartó la tela húmeda del tanga y dejó al descubierto sus labios hinchados, brillantes de jugos que ya le goteaban por los muslos. Ella soltó un gemido ronco cuando sintió su polla dura rozarle el clítoris, gruesa y caliente como un hierro al rojo vivo, y sin pensarlo dos veces se dejó caer contra la pared, ofreciéndole ese culo que tanto anhelaba empotrar. Rem no necesitó más invitación: le agarró las caderas con fuerza, clavándole los dedos en la carne mientras su verga se hundía hasta el fondo con un sonido húmedo y obsceno que resonó en el cuarto. Subaru gritó, arqueando la espalda como un gato en celo, sintiendo cómo cada embestida le arrancaba otro gemido agudo, sus tetas rebotando al ritmo de los golpes brutales que le partían el coño en dos. Él le tiraba del pelo, obligándola a mirar hacia atrás mientras le escupía en el culo antes de clavarle la polla hasta las pelotas, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor como un puño ansioso por tragársela entera. Los sonidos eran una sinfonía de carne contra carne, de piel sudorosa chocando, de gemidos ahogados mezclados con jadeos entrecortados, hasta que ella sintió ese calor familiar subiéndole por la columna vertebral, anunciándole que el orgasmo la iba a partir en mil pedazos. Rem, lejos de detenerse, aceleró el ritmo, empalándola con saña mientras sus bolas le golpeaban el clítoris con cada embestida, y cuando por fin sintió cómo su coño se contraía en espasmos desesperados, le soltó un chorro de leche caliente dentro que la dejó temblando, con las piernas convertidas en gelatina y la mente en blanco. Los dos quedaron pegados, jadeando como perros en celo, con las respiraciones agitadas y los cuerpos cubiertos de una capa pegajosa de sudor y placer