Señor maduro se masturba mirando fotos de su sumisa
El vecino de al lado, un tipo mayor con la verga bien dura bajo los pantalones de franela, se encerró en su cuarto con el móvil lleno de fotos de su empinadinha sumisa. La primera vez que la vio en la playa con ese bikini ajustado que se le marcaba todo, se le puso la polla como un palo y no pudo evitar bajarse el cierre para empezar a pajearse con fuerza. La chica de las fotos, una morena de culo prieto y tetas pequeñas pero jugosas, no sabía que él guardaba esas imágenes en su teléfono desde hacía semanas. Con la verga en la mano y la punta ya brillando de líquido preseminal, se la acarició despacio al principio, imaginando cómo le chuparía esos pezones rosados mientras le agarraba el culo con ambas manos. De pronto, se la metió hasta la garganta con un gemido ahogado, sintiendo cómo el aire le quemaba los pulmones pero sin querer soltar ni un segundo la pantalla del móvil. Cuando ya no pudo más, se la sacó con un chasquido húmedo y se corrió en su propia mano, dejando hilos espesos de leche caliente sobre el muslo mientras seguía mirando a la chica del bikini como si ella pudiera sentir su corrida. El olor a sexo y a piel sudada llenó el cuarto, mezclado con el sonido de su respiración entrecortada y los susurros sucios que se le escapaban entre dientes apretados. No importaba que la empinadinha no estuviera ahí en ese momento, porque entre las fotos y su imaginación, ya se había corrido como un animal necesitado, dejando la sábana pegada al colchón con el rastro de su placer.