Juegos sucios con mi hermanastra mientras los padres no están
La hermanastra siempre andaba en tanga por la casa, mostrando ese culo respingón y esas tetas naturales que rebotaban cada vez que se agachaba a recoger algo. Un día, cuando los viejos se fueron a trabajar, no pude resistirme y me acerqué por detrás, rozando mi polla dura contra su culo mientras ella fingía que no pasaba nada. Ella se dio la vuelta, me miró con esos ojos picarones y me dijo: '¿Qué quieres, pervertido?'. Sin pensarlo dos veces, le arranqué el tanga y le clavé los dedos en su coño bien mojado, sintiendo cómo sus jugos chorreaban por mis nudillos. Ella gimió fuerte mientras le chupaba los pezones y le metía la lengua en la boca, saboreando su saliva caliente. La tiré sobre el sofá y le abrí las piernas, metiéndole la polla hasta el fondo mientras ella gritaba de placer. Cada embestida hacía que sus tetas saltaran, y yo no podía dejar de mirarle ese coño peludo, hinchado y lleno de babas. Cuando ya no aguanté más, me corrí a chorros sobre su vientre plano, dejando mi leche blanca mezclarse con su piel sudada. Ella se lamió los labios, me sonrió y me dijo: 'Esto no se lo contamos a nadie, ¿verdad?'