Chica asiática caliente baila sexy y se masturba después
Desde que la vio por primera vez en el bar, no podía quitarle los ojos de encima a esa morenita de curvas explosivas que movía las caderas como si el mundo le debiera placer. Llevaba un vestido ajustado que apenas le tapaba el culo prieto y unos zapatos de tacón que hacían que cada paso fuera una tortura para su entrepierna. Mientras bailaba, se mordía el labio inferior con descaro y cada vez que se agachaba, el vestido se le subía dejando ver sus nalgas firmes y redonditas, cubiertas solo por un tanga diminuto que ya estaba empapado de sus jugos. El tipo no pudo resistirse y se acercó hasta pegarse a su espalda, sintiendo cómo el calor de su cuerpo le quemaba la piel a través de la tela. Ella ni siquiera se inmutó, al contrario, empujó su culo contra su entrepierna y empezó a gemir bajito mientras se frotaba contra su erección que ya le marcaba los pantalones. Con un movimiento rápido, él le arrancó el vestido de un tirón y sus tetas pequeñas pero puntiagudas quedaron al aire, con los pezones duros como piedras. La morena se rio, se pasó la lengua por los labios rojos y le susurró al oído que si quería algo más fuerte, tendría que ganárselo. Sin pensarlo dos veces, la agarró de las caderas y la empujó contra la pared, donde empezó a lamerle el cuello mientras le bajaba el tanga hasta los tobillos. Ella se arqueó hacia atrás, dejando su coño depilado y brillante al descubierto, empapado y tembloroso, listo para ser devorado. Él no perdió tiempo y se arrodilló frente a ella, hundiendo la cara entre sus piernas, lamiendo su clítoris hinchado con movimientos circulares que la hicieron gritar y arañar la pared. Cada lametón la acercaba más al límite, pero ella quería más, así que lo empujó hacia atrás y se subió a la mesa del centro, abriendo las piernas para mostrarle su entrada palpitante y brillante de excitación. Él no necesitó más invitación, se bajó los pantalones de golpe y su polla dura como un fierro se balanceó frente a su cara, lista para clavarse hasta el fondo. Con un empujón brutal, la penetró de una sola vez, sintiendo cómo su coño estrecho lo abrazaba con fuerza mientras ella gritaba de placer y le clavaba las uñas en los hombros. Las embestidas eran profundas, brutales, cada vez que la empotraba, sus tetas pequeñas rebotaban y sus gemidos se mezclaban con los ruidos húmedos de sus cuerpos chocando. Ella no aguantó más y se corrió con un espasmo violento, ordeñando su polla hasta que él no pudo contenerse y le llenó las entrañas con su leche caliente, gimiendo como un animal mientras se vaciaba dentro de ella sin piedad.