Compañera de trabajo me llevó al hotel a follar
Llevaba semanas viendo cómo se le movían las tetas apretadas bajo la blusa ajustada mientras tecleaba en la oficina, pero esa tarde se acercó a mi escritorio con una mirada que me dijo todo: hoy no iba a decir que no. Sin mediar palabra, me agarró del brazo y me arrastró hasta el ascensor, donde sus dedos juguetones ya le subían la falda hasta dejar el coño empapado de excitación al descubierto. En el coche no pudo aguantarse y se subió encima de mí, frotándose el culito redondo contra mi polla dura mientras chupaba mi oreja y gemía con voz ronca que no podía esperar ni un minuto más. Al llegar al hotel, ni siquiera esperamos a que cerrara la puerta: me empujó contra la pared y me bajó los pantalones de un tirón, dejando mi verga palpitante al aire mientras se arrodillaba para chupármela con una avidez que me hizo soltar tacos sin poder evitarlo. Cuando por fin la levanté y la tiré sobre la cama, su cuerpo se abrió como un libro prohibido: culo redondo palpitando, tetas blandas rebotando al ritmo de mis embestidas brutales mientras sus gruesos labios rosados se abrían para gemir cada vez que la llenaba hasta el fondo. Cada golpe de cadera le arrancaba un chillido ahogado, sus uñas se clavaban en mis hombros y sus piernas rodeaban mi cintura como si quisiera tragársela entera, mientras el olor a coño mojado y a sudor me volvía loco. Apreté su garganta con una mano mientras la empotraba contra el colchón, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mi polla al borde del orgasmo, sus gemidos convertidos en gritos incoherentes mientras le chupaba los pezones duros como piedras. Cuando por fin me corrí dentro de ella, sus piernas temblaron y su coño se inundó de leche caliente, dejando su tanga destrozado entre los dos mientras la seguía embistiendo hasta que los dos caímos exhaustos sobre las sábanas revueltas. Todavía jadeando, me susurró al oído que quería más, que no se iba a conformar con una sola vez, mientras sus dedos juguetones ya volvían a enredarse en mi polla flácida para revivirla con lametones lentos y suaves.