Sara Sodi apuesta que no aguantará su culo perfecto
Esa tarde en su habitación, Sara Sodi se plantó frente a Héctor con una sonrisa desafiante, retándolo a demostrar que podía manejar su cuerpo de ensueño. '¿Crees que puedes hacerme gemir como una perra en calor?', le dijo mientras se bajaba las bragas, dejando al descubierto su coño ya mojado de anticipación. Héctor no se lo pensó dos veces: la empujó contra la pared, le levantó una pierna y le clavó la polla de una estocada, haciendo que ella gritara al sentir cómo la llenaba hasta las pelotas. Sara se aferró a sus hombros, clavándole las uñas mientras él la embestía sin piedad, el sonido de sus caderas chocando resonando en toda la habitación. '¡Más fuerte, cabrón!', le exigió, y Héctor obedeció, ajustando el ángulo para que cada embestida le rozara el punto G, haciéndola temblar de placer. Sara se corrió primero, pero Héctor no se detuvo: la giró, la puso a cuatro patas y le dio por el culo, disfrutando de cómo su verga desaparecía entre esas nalgas perfectas. El culito apretado de Sara lo volvió loco, y cuando ya no pudo más, se la sacó y le llenó el coño de leche caliente, marcando su territorio. Mientras se derrumbaba sobre la cama, Sara solo podía pensar en lo bien que le había salido la apuesta: había ganado, pero ahora quería más.