Rubia caliente pide un final bien feliz
Desde que llegó la rubia alemana a la playa, no pudo quitarle los ojos de encima al masajista buenorro del resort: ese culo prieto y esa espalda ancha le tenían el coño ardiendo cada vez que lo veía untarle aceite en la piel bronceada. Mientras le frotaba los hombros con loción de coco, ella se mordió el labio inferior y no pudo evitar arquear la espalda, dejando que su tanga blanco se le clavara en el culo mojado solo con el roce de sus dedos. Él notó cómo se le endurecían los pezones al sentir su aliento cálido en la nuca, así que decidió subir las manos hacia sus pechos pequeños pero firmes, apretándolos con fuerza mientras le susurraba al oído que se relajara. La rubia soltó un gemido agudo y se dejó caer sobre la camilla, abriendo las piernas sin pudor mientras él le bajaba el bikini a un lado para dejar al descubierto su conejito depilado y brillante por el sudor. Con un movimiento rápido, le pasó la polla gruesa y palpitante por el muslo mientras le masajeaba el culo redondo y prieto, haciéndola soltar un gritito de sorpresa mezclado con placer. Sin decir ni una palabra más, la levantó de la camilla y la empujó contra la pared de la habitación trasera del spa, donde sus jadeos se mezclaron con el sonido de la loción resbalando entre sus cuerpos. Él la empotró contra la superficie fría con fuerza, clavándole la verga hasta el fondo mientras ella arañaba la pared con las uñas, sintiendo cómo su coño se abría desesperado por recibir cada embestida profunda y sin piedad. El sudor le corría por la espalda mientras él le agarraba las caderas con ambas manos, hundiendo sus dedos en la carne suave de su trasero antes de correrse a chorros calientes dentro de ella, llenándole el coño hasta rebosar mientras ella gritaba su nombre con la voz quebrada por el orgasmo más intenso que había sentido en años.