Rubia de tacones en el estudio se corre en directo
Desde que entró con esos tacones de aguja que le apretaban el culo prieto y esa minifalda que apenas le tapaba el coño depilado, el entrevistador no podía quitarle los ojos de encima. Cada vez que cruzaba las piernas mostrando el muslo tenso y la entrepierna empapada, él sentía cómo se le ponía la polla dura como el mármol. Cuando le tocó el turno de hablar, ella se inclinó hacia adelante dejando ver el canalón entre sus tetas siliconadas y se humedeció los labios con la lengua mientras le susurraba al oído que necesitaba algo más que preguntas. Sin pensarlo dos veces, él la agarró por la nuca y le clavó la boca a su polla palpitante, que saltó libre de los pantalones al sentir el aliento caliente de ella sobre el glande hinchado. Ella no se hizo de rogar y se lo metió hasta la garganta, ahogándose con los gemidos mientras sus jugos le resbalaban por los muslos. Entre jadeos, él la levantó de un tirón y la empujó contra la pared de cristal del estudio, le arrancó las bragas de encaje y le metió los dedos en el coño empapado mientras le mordía el cuello. Con un gruñido, la volteó y la puso a cuatro patas sobre el sofá de cuero, donde sus tacones resonaban contra el suelo al ritmo de las embestidas brutales que le clavaban el culo prieto. Ella chillaba cada vez que la polla le llegaba hasta el fondo, con los pechos rebotando salvajemente mientras el entrevistador la empotraba sin piedad. El sudor les corría por la piel, mezclándose con los fluidos que le resbalaban por las piernas a ella, hasta que él la agarró del pelo y le ordenó que abriera bien la boca. Con un rugido, le soltó la leche hirviendo en la garganta mientras ella tragaba cada gota sin perder ni una, lamiendo hasta dejarle la polla reluciente y flácida entre sus labios.