Rubia instructora se deja follar en trio caliente
La rubia Lynna llevaba semanas mordiéndose los labios cada vez que su entrenador personal le ajustaba la pesa en la máquina de piernas, sintiendo cómo sus tetas grandes se le movían bajo la blusa ajustada sin querer. El muy cabrón no solo tenía un culo de infarto y una verga que parecía de otro planeta, sino que además sabía cómo mirarla con esos ojos verdes que le derretían hasta el tanga de encaje que escondía entre sus muslos siempre mojados. La primera vez que la manoseó en el vestuario, ella solo gimió y se dejó hacer, pero cuando le susurró al oído que quería probarla entre tres, Lynna no pudo resistirse y terminó de arrancarse el sujetador deportivo antes de que él terminara de cerrar la puerta. La polla gruesa del entrenador le apretó la garganta sin piedad mientras la chica de piernas largas le chupaba hasta dejarle los huevos morados, gimiendo con la boca llena cada vez que él le agarraba el pelo y la empujaba más adentro. Entre gemidos ahogados, Lynna le ordenó a su amiga rubia que se quitara el short y se pusiera de rodillas, porque quería ver cómo las dos le hacían una mamada a la vez mientras él le azotaba el culo redondo con la mano abierta, dejando marcas rojas que brillaban bajo el sudor. Cuando por fin la tumbaron boca arriba en el banco de pesas, Lynna no pudo evitar gritar al sentir cómo la embestida brutal del entrenador le abría el coño como si no hubiera mañana, sus tetas grandes rebotando contra su pecho mientras la amiga le lamía el clítoris sin parar. Entre gritos y corridas que le dejaban el coño bien empapado, la rubia se dejó follar en cuádrupedo por el otro tío, que le metió la verga hasta el fondo mientras le agarraba las tetas desde atrás, haciendo que Lynna se corriera otra vez con un chorro que le resbaló por los muslos hasta el suelo del gimnasio. Para rematar, la chica se dejó caer de espaldas en el banco y abrió las piernas como una puta en celo, pidiendo a gritos que le llenaran la boca con leche caliente mientras las dos le seguían chupando las tetas y el coño hasta que no quedó ni una gota de semen en sus vergas duras como piedra.