La vecina rubia me domina con su arnés y me castiga duro
La rubia de al lado siempre me miraba con esa sonrisa pícara cuando me veía pasar, pero nunca imaginé que terminaría arrodillado frente a ella, con su polla de goma hundiéndose hasta el fondo de mi garganta mientras me agarraba del pelo y me obligaba a chupar como una puta sumisa. Su cuerpo curvilíneo, con esas tetas naturales rebotando cada vez que me embestía, me volvía loco, y cuando me dio la vuelta y me empotró contra la pared, sentí cómo su arnés me partía el culo con cada embestida brutal. Gemía como una perra en celo mientras me follaba sin piedad, y yo no podía evitar correrme como un idiota cuando me ordenó que me viniera en su mano. Su coño estaba tan mojado que podía sentirlo empapado contra mi espalda, y cuando terminó, me dejó tirado en el suelo, jadeando y con el culo ardiendo. La rubia milf me miró con esa sonrisa de satisfacción, sabiendo que acababa de domarme como a un perro obediente. Ahora cada vez que la veo, solo pienso en arrodillarme otra vez y dejar que me use como su juguete personal.