Rmhardco cabalgando como una diosa en medias rosadas
El chasquido de las medias de seda al ajustarse en los muslos es lo primero que se escucha, seguido de esa respiración acelerada que solo trae el deseo reprimido. Ella lleva días mirándolo de reojo, humedeciendo los labios cada vez que sus caderas rozan las suyas por accidente. Hoy ya no aguanta más: se sube a horcajadas sobre Rmhard, su polla dura como el acero, y empieza a marcar el ritmo con un gemido ahogado. Las medias rosadas brillan bajo la luz mientras ella se balancea, el coño pequeño pero apretado tragándose cada centímetro hasta que sus pelvis chocan. Él la agarra de las caderas, los dedos marcando su piel, mientras ella arquea la espalda, el pelo castaño rebotando con cada embestida. El sonido de la piel chocando contra piel se mezcla con sus jadeos, y cuando ella se inclina para morderle el hombro, él siente que no va a aguantar. Con un gruñido, se corre dentro de ella, llenándola de caliente mientras su cuerpo convulsiona. Ella se queda quieta un momento, sintiendo cada pulso, antes de levantarse con las piernas temblorosas, dejando escapar un suspiro satisfecho. Rmhard sigue recostado, los ojos cerrados, todavía sintiendo esa tensión que al fin se liberó.