Princesa de la tienda de porno te pide que la llenes de leche
Sakura no podía creer que estuviera haciendo esto, pero cuando te vio entrar con esa polla gruesa, sus muslos se apretaron solos. Sabía que esto estaba mal, que su novio la mataría si se enteraba, pero no pudo evitarlo: te agachaste frente a ella, le abriste las piernas y hundiste la cara en su coño mojado, sintiendo cómo sus jugos te empapaban la barbilla. Ella gemía como una perra en celo, agarrándote del pelo mientras te la comías, pero cuando pasaste la lengua por su culo, se tensó. “No, ahí no…”, susurró, pero ya era tarde: te levantaste, la pusiste de rodillas y le metiste la verga hasta las pelotas en su boca, sintiendo cómo se ahogaba con cada embestida. La volteaste, le separaste ese culazo redondo y le clavaste la polla de una estocada, escuchando cómo gritaba mientras te la follabas contra el mostrador de la tienda. Sus tetas rebotaban con cada embestida, y cuando te corriste en su culo, ella se quedó temblando, con la cara enterrada en el suelo, sabiendo que esto no podía volver a pasar… pero que lo deseaba otra vez. Su novio, que la esperaba afuera, ni siquiera sospechaba lo que acababa de pasar.