Milka descubre lo que es un hombre de verdad
No creí que una masajista tan pequeña como Milka tuviera esa boca tan hambrienta, pero cuando le dije que quería algo más que un simple masaje, sus ojos marrones se iluminaron de una forma que me hizo entender que estaba lista para algo más intenso. Sus tetitas apenas llenaban mis manos, pero la forma en que se movían cuando se arrodilló frente a mí me dejó claro que no era una niña, sino una mujer que sabía exactamente cómo chupar una polla. Al principio fue suave, pero cuando le agarré la cabeza y le empecé a follar la boca, sentí cómo su garganta se abría más de lo que pensaba. Esa fue la primera sorpresa: no solo tragaba, sino que lo hacía sin atragantarse, como si mi verga fuera el juguete favorito de su vida. Cuando la tiré sobre la cama, sus piernas se abrieron de par en par, revelando un coñito rosadito y ya mojado, pero fue al entrar en ella que descubrí lo que realmente la excitaba. Era tan apretada que al principio creí que no iba a caber, pero cuando empecé a empujarla contra el colchón, sus gritos me confirmaron que le encantaba que la clavaran hasta el fondo. No paré hasta que la hice correrse tres veces, y cuando la volteé para darle por atrás, sus gemidos se volvieron más salvajes. Lo mejor no fue cómo se le movía el culo, sino la forma en que me susurró al oído que nunca había sentido tanto placer con alguien. Y ahora, mientras me mira con esa sonrisa cómplice, sé que no será la última vez que nos veamos.