Milf desesperada chupando polla con saliva a chorros
Entre las paredes de su dormitorio, Annie King no aguantó más el calor que le subía al ver a Billy Boston con esa verga dura como roca, gruesa, palpitante, invitando a ser devorada sin piedad. Ella se arrodilló en un segundo, ávida, y abrió la boca hasta los límites, tragando saliva espesa que le resbalaba por la barbilla mientras Billy le sujetaba la cabeza con fuerza, empujando hasta que los huevos le chocaban contra los labios pintados. Lo que ninguno esperaba fue la sorpresa: al mirarla, Billy descubrió que Annie tenía un secreto—le encantaba sentir cómo la saliva le escurría por el cuello, cómo su lengua se enredaba en el glande hinchado, y lo mejor, que podía tragar hasta la última gota sin asfixiarse. Ella gimió fuerte, con las tetas pesadas rebotando contra los muslos de él, mientras Billy gruñía, "¡Joder, Esta zorra sabe cómo chupar!". Al sentir el primer chorro caliente en la garganta, Annie se sorprendió a sí misma disfrutando del sabor salado, del calor que le quemaba las entrañas, y solo entonces entendió que había encontrado su placer más oscuro: el descubrimiento de que era adicta a tragar, a sentir cómo la polla le latía en la boca antes de vaciarse hasta las pelotas. Al terminar, con la barbilla brillando, Annie no podía creer lo mojada que estaba, cómo su coño le palpitaba de ganas de ser empotrada, pero algo más la obsesionaba: quería volver a sentir esa explosión en su lengua, otra vez, y otra, hasta quedarse sin aliento.