Mi mejor amiga heterosexual se atrevió con el arnés por primera vez
Imagínate la escena: una habitación a media luz, la cama revuelta y el aire cargado de tensión. Kenna James, mi mejor amiga, estaba sentada en el borde de la cama, mordiéndose el labio mientras me miraba con esos ojos llenos de curiosidad y deseo. Llevábamos semanas jugando con la idea, lanzándonos miradas cargadas de complicidad en fiestas o besándonos de más cuando el alcohol nos soltaba la lengua, pero esta vez todo era distinto. ¿Te gustaría estar en su lugar, sintiendo cómo el arnés te pesa entre las piernas mientras tu mejor amiga se arrodilla frente a ti, separándote los muslos con manos temblorosas? Sus tetas grandes rebotaban con cada movimiento, sus pezones duros como piedras, y yo no podía apartar la vista de cómo su coño rosado y perfecto se abría para mí. Empecé a chuparle el clítoris con ansias, sintiendo cómo su piel se erizaba bajo mi lengua, y ella gemía tan fuerte que las paredes parecían temblar. Cuando finalmente le clavé el arnés de una estocada, su cuerpo se arqueó hacia atrás, el sonido de su aliento entrecortado llenó la habitación. La empotré contra el colchón, sintiendo cómo sus manos se aferraban a mis caderas, pidiéndome más, más fuerte, hasta que sus uñas se clavaron en mi piel. No paré hasta que sus piernas temblaron y sus paredes internas se apretaron alrededor de mí, corriéndose con un grito ahogado. Pero ella no se quedó atrás: segundos después, me empujó contra la pared, bajó el arnés hasta el suelo y me lamió el coño como si no hubiera mañana, mordisqueándome el clítoris hasta que yo también me vine, empapándole la cara. Al final, entre jadeos, solo alcanzó a susurrarme: "Te dije que esto iba a ser salvaje."