Jefa de oficina montando al jefe en reverse cowgirl
En aquel día de San Valentín, decidí que mi jefe no se iría sin probar lo mojada que estaba. ¿Te gustaría estar en su lugar? Imagínate: mis tacones clavándose en el cuero de la silla mientras lo cabalgo como una diabla, con sus manos apretando mis nalgas para hundirme más en su verga dura. Cada vez que me arqueo hacia atrás, mis tetas de silicona botan y él no puede evitar morderlas, mordisqueando mis pezones mientras gimo en su oído. '¿Escuchaste?' le susurro, conteniendo la risa mientras sus coworkers pasan afuera, sin imaginarse que su jefe está empotrándome contra su escritorio. Cada embestida hace crujir la madera, pero no nos importa, sus dedos se clavan en mi cintura mientras me tira hacia abajo, hundiendo su polla hasta donde mis entrañas la reciben. Justo cuando me corro, sintiendo cómo su leche caliente me llena, escucho pasos acercándose. ¿Será el guardia de seguridad? ¿O mi marido, que vino a sorprenderme? No importa, porque en ese momento solo importa el calor de su semen resbalando por mi piel, marcando su territorio. Lo último que veo antes de que alguien abra la puerta es su cara de pánico, pero también de satisfacción, sabiendo que nadie nos parará. La adrenalina de casi ser pillados solo nos excita más, y antes de que alguien entre, ya estamos limpiando la evidencia, riéndonos como adolescentes. ¿Te atreverías a arriesgarte así?