Me encanta ver cómo te la tocas para mí, cerdo
“No deberías mirarme así mientras te pajas, puta”, me susurra el muy cabrón, pero yo ya estoy empapada viendo cómo su mano sube y baja por esa verga gruesa. Me muerdo el labio mientras él se agarra los huevos, tirando de ellos con fuerza antes de seguir masturbándose frente a mí. El muy hijo de puta sabe que esto está mal, pero no puede parar, igual que yo no puedo dejar de gemir viendo cómo su polla brilla de tanto que la frota. Me arde el coño de lo mojada que estoy, y él lo nota porque se acerca y me obliga a chuparle los dedos llenos de su pre-cum. “¿Te gusta esto, perra?”, me pregunta, y yo solo puedo asentir mientras su mano libre me aprieta un pecho con fuerza. Siento cómo se le endurece más la polla cuando le clavo las uñas en el muslo, y él gruñe como un animal antes de correrse en mi cara, pintándome entera con su leche espesa. Cuando termino de limpiarlo con la lengua, él solo se queda mirándome, jadeando, con los ojos llenos de lujuria y culpa.