Marin kitagawa siendo empotrada como una perra sumisa
Esa tarde, en un cuarto oscuro con paredes cubiertas de dibujos obscenos, Marin kitagawa sintió cómo la polla del villano se hundía entre sus muslos sin permiso. Las manos de él la sujetaban con fuerza contra la cama, apretándole los pechos hinchados mientras le gruñía al oído: 'Hoy vas a aprender lo que es obedecer'. Ella gimió cuando las embestidas la atravesaron hasta que las caderas chocaron, sintiendo cada centímetro de esa verga gruesa estirándola sin clemencia. 'Por favor, no tan duro', suplicó, pero él solo sonrió y la volteó de golpe, clavándola de rodillas en el colchón mientras le escupía en el culo. 'Abre más, puta', ordenó, y ella obedeceu, arqueándose para recibir cada estocada que le arrancaba gemidos ahogados. Cuando por fin se corrió, salpicando el coño mojado de Marin, ella bajó la cabeza, jadeante, mientras él se ajustaba los pantalones con una sonrisa de triunfo. Al verla temblar, supo que volvería a usarla cuando quisiera.