Maggie Green, la jefa que me volvió loco con su culo de infarto
No debería haber puesto mis manos sobre el escritorio de Maggie, pero esa puta madura tenía un culo que gritaba por ser follado y yo no podía ignorarlo. Cada vez que se inclinaba para revisar mis informes, el tanga negro se le metía entre las nalgas, marcando la forma redonda y juguetona de su trasero. Sabía que esto estaba mal, que era mi jefa y que podía arruinarme, pero mi polla ya estaba dura como roca cuando ella se sentó sobre mí, restregando su coño mojado contra mi pierna. 'Quiero que me chupes hasta dejarme temblando', me susurró al oído, y aunque sabía que era un error, no pude resistir la tentación. Sus tetas grandes rebotaban mientras se montaba en mi verga, gimiendo fuerte cada vez que la penetraba hasta el fondo, haciendo que sus muslos temblaran. El sonido de su piel golpeando la mía era adictivo, y cuando empezó a correrse, apretando mi polla con sus paredes calientes, supe que no había vuelta atrás. La jefa se vino gritando, con el clítoris hinchado y las uñas marcadas en mi espalda, pero al terminar, solo quedó el silencio culpable de alguien que sabe que cruzó una línea. Ni siquiera puedo olvidar la mirada de complicidad que me lanzó al limpiarse el semen de su cuerpo, como si supiera que esto iba a repetirse. La oficina ya no sería la misma después de esto.