Madrastra culona recibe tres corridas en el culo
Llevaba meses con la mirada perdida en su cuerpo curvilíneo cada vez que se agachaba a recoger la ropa del tendedero, esos jeans ajustados que le marcaban el culo como si fuera de porcelana pero con carne bien firme. Hoy no pudo resistirse y, con un pretexto tonto sobre la luz de la cocina, la invitó a pasar mientras se frotaba la polla con disimulo bajo la mesa. Al verla con ese sujetador de encaje blanco que apenas cubría sus tetas enormes, se le secó la garganta y supo que esta vez no habría excusas ni miraditas fugaces. Ella, con esa sonrisa pícara de quien sabe que va a disfrutar, se quitó las bragas sin prisa y se puso a cuatro patas sobre la mesa de madera, ofreciéndole el coño mojado y el culo prieto y bien redondo que tanto había imaginado. La primera embestida la hizo gritar, el sonido agudo de sus gemidos se mezcló con el crujido de la mesa bajo sus cuerpos mientras él le agarraba las caderas con fuerza para empotrarla sin piedad. Cada vez que la polla entraba hasta el fondo, su culo se abría como una flor y sus jadeos se volvían más roncos, mezclando improperios con suplicas de que no parara. Él, con los huevos bien cargados y la respiración entrecortada, le dio la vuelta en un santiamén para chuparle los pezones duros mientras le metía dos dedos en el coño empapado, sintiendo cómo los jugos le resbalaban por los muslos. La segunda corrida la recibió en la boca entreabierta, escupiendo parte del semen sobre sus tetas mientras él se masturbaba con furia frente a sus ojos vidriosos de lujuria. Pero no terminó ahí, porque cuando ella se volvió a poner de espaldas, con las piernas abiertas y el culo en pompa, el muy cabrón le metió la polla otra vez hasta el fondo y le soltó la tercera carga bien dentro, sintiendo cómo su interior se llenaba de leche caliente mientras ella se corría con espasmos violentos que le hacían temblar todo el cuerpo. Al final, exhaustos y con las sábanas manchadas de fluidos, se quedaron tirados en el suelo, ella con las tetas aún al aire y él con la polla flácida pero goteando semen por todas partes, sabiendo que esta no sería la última vez que su madrastra culona se dejaría usar como una auténtica puta en celo.