Joven rubia hace yoga desnuda y se masturba excitada
La pequeña rubia con curvas de infarto se despierta temprano y se estira en la cama sintiendo cómo su coño palpitaba al pensar en lo que iba a hacer. Se puso esas mallas ajustadas que dejaban poco a la imaginación, sin ropa interior porque sabía que el sudor y el roce le iban a poner el culo y la raja bien mojados en menos de cinco minutos. Se colocó de espaldas contra el espejo del baño, levantando ese culito redondo que parecía pedir a gritos que le metieran algo bien gordo, y empezó a mover las caderas en círculos mientras se pellizcaba los pezones duros como rocas. Cada vez que bajaba la mano hacia su clítoris hinchado, gemidos ahogados se le escapaban de la garganta mientras las mallas se le pegaban más al coño cada vez que frotaba. Se quitó la camiseta de un tirón para dejar al descubierto esos pechos pequeños pero firmes que se movían de arriba abajo con cada respiración entrecortada. Con los ojos cerrados y la boca entreabierta, se imaginaba a alguien empotrándola contra la pared mientras le susurraban al oído lo puta que era por excitarse así sola. Las piernas le temblaban tanto que tuvo que apoyarse en el suelo, separando aún más las rodillas para que los dedos le entraran mejor mientras el clítoris le ardía como fuego. Seguía imaginando que era una polla bien gruesa la que le reventaba las paredes del coño, sintiendo cómo se le corría el jugo por los muslos mientras se corría a chorros sin poder contenerse. Cuando por fin abrió los ojos, la mancha en las mallas era enorme y el espejo estaba empañado por su respiración agitada, pero eso no le importó ni un pelo porque sabía que en cualquier momento volvería a hacerlo.