Luccas Sans se empotra al amigo de la escuela con su polla de 24cm
Esa tarde en el cuarto de mi amigo Caio Vilar, el aire se sentía cargado de tensión desde hacía semanas. Cada vez que nos cruzábamos en el pasillo, sus ojos me recorrían de arriba abajo, y yo no podía evitar mirar su culo apretado bajo esos jeans ajustados. Hoy, por fin, no aguanté más. Lo empujé contra la pared, le bajé los pantalones de golpe y le hundí la cara en su culo, chupando y mordiendo hasta que gimió como un puto desesperado. Mi polla ya estaba dura como una roca, y sin perder tiempo, le escupí en el agujero y la metí de una estocada, sintiendo cómo su culo se cerraba alrededor de mi verga gruesa. Caio gritó, pero no de dolor, sino de placer, mientras yo lo embestía con fuerza, sintiendo cómo sus músculos se contraían con cada empujón. En más de 10 minutos de escena, no paré hasta correrme dentro de él, llenándolo hasta las pelotas. Cuando me saqué, su culo seguía temblando, mojado y abierto, y Caio solo pudo sonreír, exhausto pero con ganas de más.