La tía caliente de Stirling Cooper lo vuelve loco con su boca
‘¿Te gusta cómo te miro, tío?’. Así me acerqué a él, balanceando mis caderas en ese vestido ajustado que sabía que lo volvía loco. Llevaba días provocándolo: fotos en ropa interior, rozándome ‘sin querer’ contra su polla cuando pasábamos cerca. Hasta que un día, no aguantó más. Me empujó contra la pared, sus manos ásperas me levantaron el vestido y sus dedos ya estaban dentro de mí antes de que pudiera gemir. ‘Chúpame, puta’, gruñó, y no tuve que decírmelo dos veces. Me arrodillé, su verga dura como piedra en mi boca, chupando con fuerza mientras él me agarraba del pelo. ‘Más hondo, Laney’, exigió, y le obedecí, tragando hasta que la punta rozó mi garganta. Sus caderas empezaron a moverse, follándome la boca con embestidas profundas, y yo solo podía gemir alrededor de su polla, sintiendo cómo se hinchaba más. ‘Voy a correrme en tu cara’, advirtió, pero no me importó. Quería sentir su leche caliente en mis labios, probar su sabor. Cuando por fin se vació, me miró con esa sonrisa de satisfacción. ‘¿Ves lo que pasa cuando me provocas?’. ‘Sí, tío… y quiero más’