La profesora reta al alumno a follársela en el culo
Desafío aceptado, cariño, y te voy a contar cómo este mocoso de 18 años terminó arrodillado ante mi culo perfecto después de semanas de miraditas en el pasillo. Todo empezó cuando lo pillé espiándome mientras me cambiaba en el baño de profesores, y en vez de regañarlo, le susurré al oído: '¿Crees que puedes manejar lo que te espera?'. El muy atrevido me apostó que me haría correrme antes de que él se viniera, así que lo llevé a mi casa con la excusa de 'revisar tareas'. En la cocina, le bajé los pantalones y le mostré mi tanga empapado mientras le ordenaba chuparme el coño hasta dejarme temblando. Sus dedos torpes al principio, pero pronto aprendió a meter la lengua hasta hacerme gemir como una perra en celo. Cuando ya no aguanté más, lo empujé contra la mesa y me senté sobre su polla dura, cabalgándolo como si fuera mi potro personal. Sus manos apretando mis tetas mientras yo rebotaba sobre su verga, sintiendo cómo cada embestida me llenaba hasta que los muslos me ardían. El muy cabrón se reía creyendo que ganaría, pero cuando lo monté de espaldas y le clavé el culo hasta que sus huevos chocaban contra mi piel, supe que estaba perdido. Sus gemidos se volvieron gritos cuando le ordené correrse dentro de mí, y justo cuando su leche caliente me inundó, le susurré: '¿Quién ganó, mocoso?'.